Jugar con las emociones

¿Sabes jugar al ajedrez?

Muchas personas no saben, yo soy psicóloga y tampoco sé, pero lo que sí he observado es que no es un juego de azar, es un juego de estrategia. Y si me equivoco, que me corrijan. Si la vida se pareciera al parchís, las cosas pasarían sin más y los dados ya estarían echados, nosotros sólo tendríamos que movernos conforme pasan las cosas por inercia. Así he observado que funciona el ser humano. Al ser humano le pasan cosas y entonces se deja llevar por las emociones que le desatan esas cosas que pasan. Todos sabemos que las personas que juegan al ajedrez analizan cada uno de sus movimientos, pues bien…

¿En qué se parece la vida a jugar al ajedrez?

Sabemos que en el ajedrez, según los movimientos que uno haga, el otro hace otros movimientos. Quiere decir que si yo muevo el peón, entonces tú mueves otra ficha pero de haber movido otra diferente, tú hubieras hecho otro movimiento distinto. Pues bien, en la vida podemos jugar al ajedrez pero con las emociones. Lo mismo ocurre con las emociones. Si yo me enfado, si nos dejamos llevar por las emociones y no nos detenemos a pensar qué movimiento queremos hacer, en muchos casos fallaremos y perderemos la partida. Por ejemplo, si tú te enfadas, yo me dejo llevar por mis impulsos y por mi instinto natural, entonces yo me enfado contigo. Si tú te pones triste, a mí se me quitan las ganas de todo al verte, si tú estás feliz, te diré que eres ‘el culpable’ de mi felicidad porque me haces feliz y así con todas las emociones…Pues bien, esto se parece más a jugar al parchís que a jugar al ajedrez y, ¿sabes por qué? Porque no te detienes a pensar en tus movimientos, sólo te dejas llevar y arrastrar por el comportamiento del otro. Así que es bien sencillo, a partir de ahora puedes mover tus fichas y jugar la partida como quieras, no te dejes llevar por lo que otras personas hacen o cómo actúan ni lo que dicen.

Tú eres el único responsable de tus actos y dueño de tus emociones, tus palabras y tus pensamientos.

Los demás son dueños de los suyos, sin más. Si la vida se parece en algo al parchís es en las casillas que tiene, sobre todo la casilla de la muerte, donde antes o después todos llegamos y en muchos casos no es algo controlable pero el resto de casillas no son azarosas. Aunque hemos de decir que a veces también son azarosas. Yo no controlo nada de este mundo y lo controlo a la vez, ¿cómo es eso? No controlo la muerte, no controlo los enfados de los demás, no controlo que piensen ni opinen como yo, no controlo las enfermedades mías ni de otros, no controlo muchas de las cosas que nos coloca la vida delante, pero sí controlo la manera de mirarlas, la manera de enfrentarme a ellas, cómo reacciono ante el enfado del otro, ante una enfermedad. Controlo mi actitud, mi pensamiento, mi palabra, mi acto. En muchas ocasiones las emociones son naturales y aparecen de la nada, sin más, sin que yo quiera sentirlas. Negarse a sentirlas no tiene sentido pues son naturales, pero cuando las siento, ¿qué voy a hacer con ellas? Ahora que lo sabes y lo has leído, si no lo sabías antes ya, cuando te enfades, acéptalo, reconoce el enfado, pero ahora eres tú quien juega la partida. La emoción llega, pero la reacción y las decisiones que tomes con ellas, te pertenecen a ti. ¿Jugamos? ¿Estás preparado para jugar al ajedrez o prefieres jugar al parchís?

Tú decides.

Escribe aquí tu comentario

Loading Facebook Comments ...

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *