La técnica del perro para evitar discusiones de pareja

Sí, sí, has leído bien. A veces, y más concretamente en el caso de las discusiones de pareja o los malos momentos, no estaría mal comportarse como perros, animales o determinadas mascotas. Y para ello te vamos a presentar la técnica del perro.

 

Las típicas discusiones de pareja…

¿A qué nos referimos con esto? Vamos a imaginarnos que estás en casa, has hecho la cena, estás contento/a esperando a que llegue tu pareja, tienes muchas ganas de verle, etc. Se oye la puerta y sabes que es él o ella que va a entrar. Nada más entrar, le miras sonriendo y lo primero que ves es una cara larga, de mal humor, que está prácticamente tirando humo por las orejas. Le preguntas qué le pasa y entonces te contesta de mala manera o así es como tú lo has percibido.

¿Qué haces en ese momento? Hay quienes:

  1. Se comportan como mascotas
  2. Se enfadan por la mala respuesta
  3. Otras opciones

En muchas de las parejas que acuden a terapia de parejas en nuestra consulta, observamos que normalmente se da la segunda opción, es decir, una mala respuesta. Tú estabas tan contento/a en casa esperando ver a la persona que has echado de menos durante el día, pero al ver su cara y su respuesta, se te han quitado las ganas de absolutamente todo.

Normalmente estas parejas empiezan preguntando qué te pasa, por qué estás así… y al no obtener la respuesta que esperaban, tanto como en el contenido como en la forma de responder, la conversación acaba de mala manera:

‘¿Por qué tienes que hablarme así?’

‘¿Yo que culpa tengo de que tú tengas un mal día?’

‘¿Por qué siempre la pagas conmigo?’

Y en ocasiones cada uno por un lado, generalizando, no entendiendo el comportamiento del otro, y en las peores ocasiones, faltando al respeto por no recibir u oír lo que esperábamos oír.

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Fuente de la fotografía: Blog Formas de Comunicación

 

La técnica del perro

Es aquí donde nos ponemos por un momento en la piel de una mascota, de tu perro por ejemplo. Volvemos a atrás y ahora es tu mascota quien de una manera ya automática y condicionada, oye las llaves de tu casa, reconoce tus pasos, y aunque tú no lo ves y estás ahora mismo pensando en el mal día que has llevado, nada más entrar, tu mascota, sin saber qué te ocurre, lo primero que hace es subirse para saludarte, mover mucho el rabo y ponerse muy contento.

A todo esto, tú sin querer y sin mala intención, casi de forma automática también, lo apartas y le dices, ‘Ay! Tira, qué pesado, ahora no tengo ganas de nada’, ‘no te subas que me manchas la ropa del trabajo’, ‘Y encima me ha hecho daño el basto y me ha pisado’.

Tú mascota, ¿qué hará? Pues probablemente, como mucho, lo volverá a intentar. Y al volver a recibir tu estufido, abandona, te deja con tu mal humor y se va a su cesto a dormir o a comer, como si nada hubiera pasado.

Más tarde, cuando tú te has relajado, te sientes mal por el trato que le has dado o incluso ni lo has pensado, lo llamas, él viene y sin rencor alguno, se retoma una relación sin rencor, sin trapos sucios, sin palabrerías, ¡magia!

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Fuente de la fotografía: imujer.com

 

Como verás, cuando alguien tiene un mal día, es recomendable dejarle su espacio, como bien hace el perro, y una vez se le pase, sea esa misma persona la que retome la conversación, pida disculpas y no generalice ni saque malos asuntos.

Algo tan sencillo como comportarse como una mascota, en muchas ocasiones, nos aliviaría de muchos problemas.

Y tú, ¿qué haces cuando discutes con tu pareja?

 

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