El cuento de la sopa

          Hoy os presentamos “el cuento de la sopa”, una relato muy breve, de Jorge Bucay, que narra lo ocurrido después de que un camarero le sirva una sopa a una mujer, y ésta le pida al camarero que por favor pruebe la sopa.

          Los cuentos y las fábulas son un instrumento magnífico para darnos cuenta de la realidad de las cosas, muchas veces desde perspectivas que no nos había planteado. También son una herramienta excelente para enseñar y educar a los niños. Si tienes hijos pequeños considera contarles muchos de estos cuentos y sobre todo hacerles reflexionar sobre la moraleja de cada uno de ellos. En este blog, en Internet, en las librerías y bibliotecas… tienes una infinidad para elegir.

 

Cuenta la leyenda que una mujer entró a un restaurante y pidió una sopa. Una vez servido el plato de sopa… La señora alzó la voy y dijo:

¡Camarero por favor, venga!

El camarero se acercó y le preguntó:

¿Qué desea, señora?

¡Deseo que pruebe la sopa!

El camarero, sorprendido, le preguntó a la mujer si el problema era que la sopa estaba insípida. La mujer, enigmática, insistió en su petición.

– ¡No! Quiero que pruebe la sopa.

El camarero, confundido, le dijo a la señora:

– ¿Qué sucede señora? Si es porque no le gusta, ¿quiere que le traiga otro plato?

La mujer seguía insistiendo, enrocada en su engimática proposición.:

– ¡Simplemente quiero que pruebe la sopa!

El camarero, que ya expermientaba una mezcla de sentimientos entre dudas, curiosidad y también cierto malestar por la rotundidad de la mujer, apuró sus últimas opciones preguntando a la mujer si es que la sopa estaba fría.

Yo si se la tengo que cambiar, se la cambio, señora… Pero por favor, dígame qué le pasa.

– ¡Por favor! ¡Pruebe la sopa si quiere saber qué le pasa!

El camarero, dándose cuenta de que nada podía hacer más que probar la sopa,  finalmente se sentó en la silla libre, junto a la mujer, se acercó el plato, levantó su brazo para coger la cuchara y, con cierta sorpresa, exclamó susurrando:

– ¡Pero si no hay cuchara…!

La mujer zanjó la conversación.

¿Ves? Falta la cuchara, eso le pasa a la sopa. Que no me la puedo comer.

 

¿Moraleja?

          ¿Por qué algunos se empeñan en que los entiendan con indirectas? ¿Por qué otros insisten en que los demás adivinen en cada momento lo que quieren, lo que están pensando, lo que estamos intentando decir o a dónde quieren llegar?  Existe una tendencia del ser humano que es la de pretender que nos entiendan sin explicarnos claramente. La de querer que adivinen nuestras necesidades en cada momento y eso, eso no puede ser. Debemos ser claros al hablar, decir las cosas sin rodeos, preguntar si no se entiende algo pero sobre todo, ‘no marear’ con nuestro lenguaje ni nuestras actitudes a los demás porque los demás no son como nosotros, no están dentro de nosotros y no saben lo que queremos y estamos buscando, por muy evidente que sea para nosotros mismos.

          ¿Y tú, eres de los que se comunican con indirectas?

 

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