En la piel del desahuciado

          El número de desahucios en España cada vez es mayor. Según datos del banco de España, en el año 2012 se produjeron en nuestro país más de 32.000 desahucios por impago en la hipoteca, teniendo en cuenta únicamente aquellos que suponen la vivienda habitual. Unos 107 al día. Estas cifras, que recogemos del diario El País,  que no son exclusivas del año pasado, sino que se están dando desde que estallara la crisis sin parar de crecer.

          Detrás de estos números hay personas. Y detrás de estas personas hay emociones, vidas, situaciones, etc. Y hay un factor común que se repite en una gran parte de estos afectados: un proceso que habitualmente se repite y que todos podemos imaginar o incluso conocer: Todo empieza con la aprobación de una hipoteca, que significaba tener una vivienda propia en el futuro, una ilusión, una alegría, eso que llamamos felicidad. Pero en un momento dado comienza a existir la posibilidad de que uno o todos los miembros activos de la familia  se queden sin empleo. Finalmente esto ocurre y se acaban o se reducen drásticamente los ingresos. Antes y después, empezaron y continuaron las emociones negativas que poco a poco fueron aumentando por la posible pérdida, ya no del empleo, sino de un lugar donde vivir y un dinero con el que contar para comer y cubrir las necesidades básicas.  A continuación, lo que era posible parecía hacerse realidad, la llegada de cartas y avisos del banco invitando a abandonar la casa que en su día tanta ilusión hizo. Finalmente ocurre lo que nunca imaginaron: el desalojo forzoso.

          Dicho esto, la persona que sufre un desahucio ha pasado por diferentes momentos hasta llegar a lo más temido: quedarse en la calle y sin ‘nada’. Los síntomas que puede padecer una persona que ha llegado a esta situación son muy parecidos a los de un duelo, a lo que sentimos cuando muere un ser muy querido por nosotros. Es similar, pues se produce la pérdida de ‘algo’ que a priori parece imprescindible para poder ser feliz y vivir ‘bien’.

Manifestaciones contra los desahucios

Manifestación contra los desahucios. Fuente: www.teinteresa.es

         El proceso de un duelo, como comentábamos en otro artículo de este blog, supone muchas emociones diversas. La primera de ellas, y más común, el sentimiento de shock o negación. En el caso de la persona desahuciada, piensa que lo que le está pasando no puede ser real (‘esto no puede ser’, ‘esto no me puede estar pasando a mí’, ‘si hace un tiempo tenía trabajo, cómo he llegado hasta aquí?’), pasando por sentimientos de culpabilidad, tristeza, rabia, impotencia, que en muchas ocasiones se manifiestan con pérdida de interés por ‘todo’.  Todo ello conduce a diferentes estados. Personas que quizá sienten vergüenza, se alejan de sus redes sociales con tal de no explicarles la ‘catastrófica’ situación que viven, personas con ansiedad que no saben qué hacer, desánimo, negativismo, no encuentran la manera de poder hacer frente a esta situación. Todo esto supone: cambios en la rutina y estilo de vida, cambios e incluso abandono de sus círculos personales de amistad, problemas de salud, etc.

          Los adultos lo pasan mal pero los hijos de familias desahuciadas también pueden sufrir de una forma directa o indirecta este problema actual. Pueden presentar problemas como la angustia, la agresividad, el desamparo y mayor riesgo de fracaso escolar. Quedarse sin casa supone la pérdida de la seguridad de un lugar al que poder acudir cuando acaba el colegio, la pérdida de un lugar donde crecer, jugar y aprender.

          El principal problema de prestar ayuda es que, en ocasiones, los afectados piden ayuda demasiado tarde, cuando la situación emocional y sobre todo económica se encuentran ya muy deterioradas. Lo ideal sería prevenir cuando se está viendo llegar la situación, no esperar al último momento. Está claro que es muy fácil decirlo y que hay que estar ahí para saber cómo hacer frente, pero todos debemos concienciarnos al máximo y muchas veces está en nuestras manos prestar algún tipo de apoyo, bien material bien moral, a personas cercanas. No olvidemos que las cifras hablan de que uno de cada doscientos hipotecados perdió su vivienda y la mayoría de nosotros tenemos a más de doscientas personas en nuestros círculos, con lo que es bastante posible llegar a verlo de cerca.

          Encontrarse en una situación como ésta supone multitud de problemas, entre otros, la incapacidad para tomar decisiones o encontrar salidas o respuestas a los problemas que en ocasiones hace que todo se agrave en mayor grado, dando lugar a medidas dramáticas como es el caso del suicidio, del que hablaremos en profundidad próximamente.

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